Geopolítica – FEVP http://blogger.fevp.gob.ve Blog de investigaciones Sat, 13 Apr 2019 03:51:12 +0000 es hourly 1 http://blogger.fevp.gob.ve/wp-content/uploads/2019/03/escuela-autor-90x90.jpg Geopolítica – FEVP http://blogger.fevp.gob.ve 32 32 Ecuador de mis amores “Alí Ramón Rojas Olaya” http://blogger.fevp.gob.ve/2019/02/ecuador-de-mis-amores-ali-ramon-rojas-olaya/ http://blogger.fevp.gob.ve/2019/02/ecuador-de-mis-amores-ali-ramon-rojas-olaya/#comments Mon, 04 Feb 2019 14:10:00 +0000
 Alí Ramón Rojas Olaya
Profesor e investigador de la Escuela Venezolana de Planificación
Ante una pregunta que me hizo una estudiante, algo alterada, sobre cómo debemos responder los venezolanos ante la xenofobia de la que son víctimas algunos venezolanos que viven en Ecuador, mi respuesta, después de una corta, pero nutritiva reflexión es la siguiente: Debemos amar el gentilicio ecuatoriano. –Pero, ¿Cómo? Si ellos… (la interrumpí).- Escúchame, por favor. Si un hombre, sea venezolano o no, asesinó a una mujer, esté embarazada o no, sea ecuatoriana o no, debe ser sometido a la justicia. El odio, la venganza y la xenofobia no son buenos consejeros. “Disponer la conformación inmediata de brigadas para controlar la situación legal de los inmigrantes venezolanos”, como señaló el presidente ecuatoriano, es una actitud antibolivariana. Daré veinticinco razones por las cuales debemos amar a Ecuador.
Hablar de Ecuador es hablar de la Batalla de Ibarra. Ocurrió el 17 de julio de 1823 en la Ribera de Tahuando cuando se enfrentaron las tropas independentistas comandadas por Simón Bolívar y las tropas realistas lideradas por el pastuso Agustín Agualongo. Esta fue la única batalla dirigida personalmente por Bolívar en territorio ecuatoriano cuando este departamento, la Nueva Granada y Venezuela éramos un solo país llamado República de Colombia (por eso los tres países tenemos el amarillo, azul y rojo en nuestras banderas). Hasta acá van dos razones para amar a Ecuador.
Acá va la tercera. Cuando la actual capital ecuatoriana pertenecía a la Real Audiencia de Quito, nació una niña el 27 de diciembre de 1795 llamada Manuela Sáenz. Cuando se hizo mujer, amó y fue amada por el Libertador entre 1822 y 1830. Le salvó la vida a Bolívar en varias ocasiones. Brilló con luz propia. Dijo en una ocasión: “Mi país es todo el continente de la América y he nacido bajo la línea del Ecuador”. Manuela Miró al héroe desde su balcón. Arrojóle, con desatino, una corona de admiración. Nunca fue tan grande el amor que allí nacía. Unión de corazones, cuerpos e ideas. El, el Libertador de América, ella su Libertadora. La lucha por la independencia continúa. Amor infinito, amor de compromiso, amor siempre.
La cuarta razón. El ecuatoriano Eloy Alfaro, nacido en Montecristi el 25 de junio de 1842, y Cipriano Castro, nacido en Capacho el 12 de octubre de 1858, quisieron cumplir el sueño de Bolívar reuniendo nuevamente en el año 1900 en un solo país a Venezuela, Ecuador, Colombia (Nueva Granada se arrogó este nombre en 1863) e incorporando a Nicaragua. No se lograron los objetivos. En 1903 los gringos hacen una guerra en Panamá y los neogranadinos pierden su istmo. A Castro le dan un golpe de Estado y Alfaro es fusilado el 28 de enero de 1912.
Quinta razón. El símbolo de la identidad ecuatoriana es Julio Jaramillo. Este cantor nacido en Guayaquil el 1° de enero de 1935 se radicó en Venezuela en 1965. Su repertorio forma parte de toda una generación.
Sexta y séptima razón. En mi corazón están el compositor Gerardo Guevara con quien compartimos bellos momentos en el Aula Magna de la UCV y el poeta Medardo Ángel Silva. El músico tomó el poema Se va con algo mío del aedo y le puso música de pasillo que cantamos muchos años en el Orfeón Universitario de la UCV.
Octava razón. Hubo un gran escritor que le contó al mundo cómo las pequeñas propiedades que los terratenientes entregaban a los indígenas como compensación por su trabajo, les eran robadas más tarde por los mismos terratenientes y, cuando aquéllos protestaban por el atropello, eran asesinados. Ese hombre fue Jorge Icaza, nacido en Quito el 10 de junio de 1906. La novela donde cuenta esa dura historia es Huasipungo, publicada en 1934.
Novena razón. ¿Cómo no amar Ecuador si los rostros indígenas y de Fidel en los lienzos de Oswaldo Guayasamín forman parte de mi vida? Décima razón. ¿Qué sería del muralismo sin el maestro Apitatán?
Decimoprimera razón. El pedagogo y escritor Eugenio Espejo, primer grafitero de la Real Audiencia de Quito, que una noche, amparado por la oscuridad, colocó frases y panfletos en las calles, incitando al pueblo a levantarse en contra de los opresores: “Al amparo de la cruz, sed libres, conseguid la gloria y la felicidad”.
La decimosegunda razón es por el cine ecuatoriano. Por las películas “Ratas, ratones, rateros”, “Crónicas” “Rabia” y “Pescador” de Sebastián Cordero; “Qué tan lejos” de Tania Hermida; “La Tigra” de Camilo Luzuriaga; y los documentales “500 años después, el regreso” de Hernán Cuéllar Mideros y “Alfaro Vive Carajo: del sueño al caos” de Isabel Dávalos, vale la pena amar a Ecuador.
Decimocuarta razón. En el edificio Nacional de la avenida Baralt, se encuentra un inmenso mural de cerámica prolicromada que rinde homenaje a Simón Bolívar y Manuela Sáenz. Esta obra de arte lleva por título La Patria Naciendo de la Ternura cuyo autor es el artista ecuatoriano Pavel Égüez. Decimoquinta razón. Ecuador es llamado el país de las sopas.
Decimosexta, decimoséptima y decimoctava razones. Ecuador parió a tres mujeres imprescindibles: Manuela Espejo, quiteña nacida el 20 de diciembre de 1753. Hizo labores proindependentistas como estafeta y fue enfermera durante la epidemia de fiebre amarilla que asoló Quito en 1785. Tránsito Amaguaña Alba, nacida en Pesillo, el 10 de septiembre de 1909, fue parte de las marchas indígenas que reclamaban tierras y derechos laborales. Cuando se vinculó al Partido Comunista fue apresada. En una ocasión dijo: “Yo me he envejecido en esta lucha, y ahora lo menos he de morir comunista”. Y la activista política Nela Martínez, nacida en Cañar el 24 de noviembre de 1912. Participó en la revolución La Gloriosa, que derrocó al dictador Carlos Arroyo del Río. Para ella, “la luz de esperanza que de generación en generación nos unió, desaparece entre la corrupción de los vende patria, de los usurpadores de los ahorros de los pobres”. Cuando recibió el premio Manuela Espejo el 8 de marzo de 2002 dijo: “El Plan Colombia es para establecer la política global fascista”. El 21 de mayo de 2003 le escribe desde Quito a Fidel Castro: “La Independencia de Cuba es la esperanza de una humanidad que aspira a tenerla. Defenderla es nuestra obligación irrenunciable. Yo, la más humilde de sus amigas, levantaré el hecho de mis noventa años como una enseña de vida y lealtad. Ofrezco mis manos a Cuba, para la tarea que necesite”.
Decimonovena razón. En Latacunga nace en 1903 el escritor, historiador, ensayista y crítico literario Alfonso Rumazo González. Vivió en Venezuela desde 1953 hasta su muerte, acaecida en el año 2002. Acá enseñó en la Facultad de Humanidades de la Universidad Central de Venezuela y en la Universidad Santa María. Fue profesor honorario de la Universidad Simón Rodríguez. Es autor del libro El maestro de América.
Vigésima razón. ¿Sabías que el 9 de octubre de 1820, los venezolanos León de Febres Cordero, Miguel Letamendi, Luis Urdaneta y Juan José Flores, se sumaron a la causa independentista de Guayaquil de Bolívar y Sucre?
Vigesimoprimera razón. ¿Sabes desde dónde y quién escribió una de las odas más emblemáticas del romanticismo del siglo XIX que comienza así: “Yo venía envuelto con el manto de Iris, desde donde paga su tributo el caudaloso Orinoco al Dios de las aguas. Había visitado las encantadas fuentes amazónicas, y quise subir al atalaya del Universo. Busqué las huellas de La Condamine y de Humboldt; seguilas audaz, nada me detuvo; llegué a la región glacial, el éter sofocaba mi aliento. Ninguna planta humana había hollado la corona diamantina que pusieron las manos de la Eternidad sobre las sienes excelsas del dominador de los Andes? La escribió Simón Bolívar desde Loja, ciudad del sur de Ecuador, pero que cuando el Libertador la concibió con el nombre de Mi delirio sobre el Chimborazo, tanto Loja como este volcán pertenecían a nuestro país que para el 13 de octubre de 1822 se llamaba República de Colombia.
Vigesimosegunda razón. Es en el malecón de la ciudad de Guayaquil donde se reunieron los dos grandes libertadores de América: Simón Bolívar y José de San Martín los días 26 y 27 de julio de 1822.
Vigesimotercera razón. Una mañana de sol radiante de 1825, Bolívar le pide a su amigo guayaquileño José Joaquín de Olmedo, poeta nacido el 5 de marzo de 1780, que escriba un poema a la gesta independentista de Junín. El vate hace la tarea y le envía una carta y el poema. En la primera le pide unas observaciones. En uno de sus pasajes nos cuenta cómo salió derrotado el enemigo español: “Tendió su manto lóbrego la noche y las reliquias del perdido bando, con sus tristes y atónitos caudillos corren sin saber dónde, espavoridas, y de su sombra misma se estremecen, y al fin en las tinieblas ocultando su afrenta y su pavor, desaparecen. ¡Victoria por la Patria! ¡Oh Dios, victoria! ¡Triunfo a Colombia y a Bolívar gloria!”. Al leer el Libertador del mediodía de América el poema, le escribe desde Cuzco al aedo el 27 de junio de 1825: “Querido amigo. Hace muy pocos días recibí en el camino dos cartas de usted y un poema; las cartas son de un político y un poeta, pero el poema es de un Apolo. Todos los calores de la zona tórrida, todos los fuegos de Junín y Ayacucho, todos los rayos del Padre Manco-Cápac no han producido jamás una inflamación más intensa en la mente de un mortal”. Sobre las observaciones que le pide el autor, Bolívar escribe el 12 de julio de ese año: “Confieso a usted humildemente que la versificación de su poema me parece sublime; un genio lo arrebató a usted a los cielos. Usted conserva en la mayor parte del canto un calor vivificante y continuo…Permítame usted, querido amigo. Le pregunte: ¿de dónde sacó usted tanto astro para mantener un canto tan bien sostenido desde su principio hasta el fin?”
Vigesimocuarta razón. ¿Tú sabes quién está enterrado en la Catedral Metropolitana de Quito? ¿Tú sabes quién pidió cuando muriera ser enterrado en la capital ecuatoriana? Pues allí están los restos de Antonio José de Sucre, el Abel de América, el héroe de Pichincha y Ayacucho, el hombre asesinado en Berruecos por los ancestros de Lenín Moreno e Iván Duque. Cuando Bolívar se enteró de este magnicidio, exclamó: “¡Santo Dios! ¡Se ha derramado la sangre de Abel!… La bala cruel que le hirió el corazón, mató a Colombia y me quitó la vida”.
Vigesimoquinta y última razón, por ahora. En el año 1851, Simón Rodríguez escribe en Ecuador Consejos de amigo dados al Colejio de Latacunga a Rafael Quevedo, rector del Colegio San Vicente, para que “sea único en el Ecuador y el principal cuando en otras partes lo hayan imitado. Siempre será el primero, porque empezó a dar ejemplo”. En este libro, Rodríguez nos da una cátedra de qué debemos enseñar: “Más cuenta nos tiene entender a un indio que a Ovidio”. También se define como “un hombre eminentemente sociable porque ve su patria donde se halla y compatriotas en los que lo rodean”.
 
Mi alumna, más tranquila, me dijo (tomando unas palabras de Rodríguez): Tiene usted razón, profesor, el odio y la xenofobia son armas antibolivarianas, en cambio nosotros “vinimos al mundo a entreayudarnos, no a entredestruirnos”. No se hable más…y que ¡Viva el amor!
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Del Congresillo de Cariaco a la autoproclamación “José Gregorio Linares” http://blogger.fevp.gob.ve/2019/01/del-congresillo-de-cariaco-a-la-autoproclamacion-jose-gregorio-linares/ Thu, 31 Jan 2019 16:01:00 +0000 José Gregorio Linares
Pasando por encima de lo previsto en la Constitución, el diputado que preside la Asamblea Nacional en desacato se autoproclamó Presidente de la República. No es la primera vez que en Venezuela, desconociendo la autoridad legítima, alguien usurpa un cargo. No es la primera vez que, violando la normativa vigente, alguien se arroga una potestad sin estar legalmente facultado para ello. Tal cosa ocurrió en el pasado, en tiempos de Bolívar. Afortunadamente, la respuesta del Libertador no se hizo esperar. De inmediato, como mandatario legítimo ejerció la defensa de la ley, dejó que los conjurados se consumieran en su propia salsa y todo terminó mal para ellos. Veamos los hechos.
En 1817 en Venezuela unos políticos descontentos que pretenden desconocer la autoridad suprema del Libertador y restablecer los principios que orientaron la Primera República (1810-1812) organizan el Congreso de Cariaco. Allí los insubordinados designan nuevas autoridades en sustitución de las legítimamente establecidas, y reeditan una versión maquillada de la obsoleta Primera República, cuyas prácticas (gobierno federal, triunvirato ejecutivo, flexibilidad) fueron la causa de su disolución. La reunión se produjo entre el 8 y el 9 de mayo en San José de Cariaco, provincia de Cumaná y actual estado Sucre, mientras Bolívar se encontraba en el Sur, en la provincia de Guayana, como parte de una estrategia geopolítica dirigida a darle base económica a la lucha patriota, habida cuenta de las grandes riquezas con que contaba esa región, y como preámbulo a la lucha encaminada a conquistar la independencia de la Nueva Granada (Colombia actual) para luego emprender la liberación de toda América del Sur y así desasirnos del colonialismo español.
Los facciosos, cuyo teatro de operaciones se concentraba en el nororiente del país, pretendieron ignorar que Bolívar en persona estaba al frente de la Campaña de Guayana, declararon sus “ausencias y faltas” en el territorio, y procedieron a su defenestración. Nombraron, para llenar el vacío del Poder Ejecutivo, a un triunvirato compuesto por Fernando Rodríguez del Toro, Francisco Javier Mayz y… Simón Bolívar. Pero como éste se encontraba “ausente”, sería  suplantado por uno de los sediciosos hasta que, según ordenaban, “se dirija al lugar que se designe para la residencia del Gobierno”. Además, Bolívar es relegado de la comandancia del ejército patriota, y en su lugar es nombrado un subalterno suyo, Santiago Mariño, a quien nombran Jefe Supremo del Ejército. Se instó a Bolívar a presentarse en Margarita tan pronto como lo permitiesen “sus atenciones militares” a fin de ocupar su lugar en el Triunvirato Ejecutivo.
En su proclama los sediciosos se plantearon, por medio del congreso, formar un gobierno queejercería el poder únicamente ad interim”, es decir, un gobierno de transición. Expresaron: “hacemos saber a todo el pueblo de la Confederación, invocando al Ser Supremo como testigo de la pureza y honradez de nuestras intenciones que el único y exclusivo objeto de nuestros constantes esfuerzos es mantener el goce de la paz y de la verdadera libertad”.
Se daba así un golpe de Estado “suave” a Simón Bolívar, quien venía ejerciendo el Mando Supremo desde 1813 y en el año 1816 había sido ratificado como Jefe Supremo de la República en el pueblo de Villa del Norte de Margarita, por los máximos jefes patriotas. En el Congreso de Cariaco en consecuencia, se pretendía reducir su poder como máximo representante del Ejecutivo y como Jefe Supremo del ejército, relegarlo a ser uno más en la Presidencia entre varios con el mismo rango, y eso cuando llegara al destino indicado por los complotados.
Todo esto fue, al parecer, un proyecto de los imperios inglés y estadounidense, que preferían tratar con líderes anodinos sin firmes convicciones independentistas y con gobiernos débiles, para poder someterlos a su dominio y obtener así jugosas ganancias. En contraprestación el Congreso de Cariaco dictó un decreto que concedía una rebaja en los derechos de importación a los productos de Gran Bretaña y Estados Unidos, así como otras ventajas a los navegantes y comerciantes de estos países.
A lo interno, detrás de la conspiración estaban el sacerdote José Cortés de Madariaga, uno de los más feroces enemigos del Libertador,  y Santiago Mariño, con quien Bolívar sostuvo siempre unas tensas relaciones. En lugar de Bolívar como representante del Poder Ejecutivo, se colocaba en la Presidencia a unos señores prácticamente desconocidos, sin mérito alguno para presidir la nación y dirigir la guerra por la independencia; y al frente del ejército a un subalterno del Libertador que le disputaba la autoridad. La cosa parecía risible: el Libertador en minoría, sometido a las decisiones tomadas por una mayoría circunstancial proclamada en un congreso sin base legal, formando parte de un triunvirato ejecutivo dominado por dos ignotos personajes que pronto serían olvidados por la Historia. En pocas palabras: Rodríguez del Toro y Mayz presidentes de la República, y Bolívar supeditado a sus mandatos. Dos contra Bolívar. Guaidos contra uno.
Sin embargo el Libertador no se tomó el asunto a broma. Declaró ilegítimos y nulos los actos aprobados por el gobierno impostor, surgido del fraudulento congreso, al que catalogó de “congresillo”. Demandó castigo para los conjurados y procedió con firmeza a restaurar el orden. No obstante, antes de que Bolívar actuara, dicho congresillo y su fraudulento gobierno se disolvieron “como el casabe en caldo caliente” dijo Bolívar (6 de agosto de 1817). Insistió en que el mismo “de verdad fue efímero. Nadie lo ha atacado y se ha disuelto por sí mismo”. Agregó en forma contundente: “Aquí no manda el que quiere, sino el que puede”.

Los conjurados de hoy debían aprender la lección: Aquí no manda el que quiere, sino el que puede. En Venezuela todo el poder político está en manos del pueblo, que lo ejerce a través del gobierno bolivariano y la organización popular. No aceptamos la injerencia extranjera. Toda la fuerza moral reside en el pueblo, que eligió libremente un Presidente Constitucional y no está dispuesto a dejarse arrebatar sus conquistas por una minoría al margen de la ley que pretende asaltar el poder. El Presidente libremente electo en comicios nacionales es el Comandante en Jefe de la Fuerza Armada. Cualquier otra decisión es usurpación de cargos. Por tanto, todo el peso de la ley debe caer sobre los embaucadores y sus aliados, así estos invoquen “al Ser Supremo como testigo de la pureza y honradez de nuestras intenciones”, y afirmen que “el único y exclusivo objeto de nuestros constantes esfuerzos es mantener el goce de la paz y de la verdadera libertad”. ¡Impostores!

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